martes, 16 de mayo de 2017

Ciencia Ficción: Young-Seong Yoon, un japonés en Independiente


Es un tanto confuso hablar del efecto a posterior que tuvo la obtención de la Copa Sudamericana 2010 para nuestro querido Independiente. Amén de habernos quedado afónicos gritando el tanto definitivo de Eduardo Tuzzio en la pegajosa noche del 8 de diciembre, las puertas hacia la élite victoriosa que dicha obtención nos abrió dio pié a una serie de campañas malogradas: Se flaqueó en el torneo local, se quedo eliminado en fase de grupos de la Copa Libertadores 2011, la Recopa y la Suruga Bank fueron a parar a la vitrina del rival y la defensa del título duró un suspiro. Antonio Mohamed, entrenador quien comandó la escuadra ganadora, dimitió meses después a dicho hito, y la mayoría de los integrantes de aquel plantel no volvieron a gozar de la misma plenitud que durante aquella campaña. 

En algún rincón tras el boom del título se encuentra el arribo de Young-Seong Yoon a Villa Domínico, para probar suerte en El Diablo. Su procedencia era desde la lejana tierra del Japón, a pesar de que provenía de una familia originaria de Corea del Sur. Nacido en 1991 y criado en las calles de Tokio, previo a su arribo por estos pagos había actuado como atacante en el soccer team de la Universidad de Corea, semillero tanto de exitosos hombres de negocios como de prósperos atletas. Dicha plataforma le permitió trazar amistades con allegados al mundo exterior en lo que respecta al deporte. Al parecer, YSY tenía una tendencia goleadora notable, y eso le valió para, a meses de cumplir 20 años, viajar a la Argentina e intentar ingresar en los planes rojos. "No hablo español" atinó a decir frente a la pluma de Damian Meltzler, periodista del Diario Olé que inmortalizó el único registro que se tiene del paso del surcoreano por la institución. Enrique Borrelli, a cargo del fútbol amateur, lo ponderó: "Sorprendió con su técnica". En el mismo plató y también a comienzos de 2011, un viejo conocido de este blog, el australiano Rashid Mahazi, también se encontraba a prueba. 

Hay quienes perjuran que este delantero asiático tuvo un rendimiento interesante en los partidos amistosos que disputó con el selectivo, pero lo anteriormente relatado es lo único que atestigua su fugaz estadía en Avellaneda. Pocos entrenamientos, algún que otro friendly match, y rápido regreso a la tierra de Los Supercampeones, donde el idioma y la cultura no serían ya un obstáculo. Asentado nuevamente en su país, Yoon tuvo un corto paso por el Daegu FC surcoreano en 2014 para luego deambular en equipos del under nipón. El Musashino City FC es su hogar hoy en día, en donde nuestro homenajeado compone el ataque de dicho conjunto, habitual participé de la cuarta categoría del fútbol japonés. 

sábado, 13 de mayo de 2017

Cristian Báez




En vísperas del Superclásico de Avellaneda en el cual Independiente recibirá a Racing Club el domingo 14 a las 19 horas, quien hoy será el afortunado (!) de aparecer en Independiente Inédito es nada más y nada menos que el defensa paraguayo Cristian Báez. Vos, Rojo, ¿te acordás de él? Hagamos un revisionismo sobre el zaguero.

Nacido el 9 de abril de 1990 en San Lorenzo, Paraguay, llegó en el año 2000 a El Diablo para formar parte de los equipos juveniles. Formado como primer central, también desempeñó sus funciones como lateral por el sector derecho. Finalizaba el segundo ciclo de Américo Tolo Gallego al mando de la institución, tras no haber obtenido el Torneo Clausura 2010 a pesar de haber sido uno de los protagonistas: Argentinos sería el campeón tras que El Rojo perdiera sus chances tras un insólito 3-4 frente a El Bicho. En este contexto, César Luis Menotti, por ese entonces mánager de Independiente, decidió no renovar el contrato con el ex cinco de River Plate, ahora ex DT de la institución.

Apelado a su gusto y paladar por el buen juego, asoció su idea madre en base a contratar un técnico con una impronta lírica basada también en su etapa como jugador. Hablamos de Daniel Garnero.

Pero... su paso como técnico no fue nada bueno: durante los siete primeros partidos del Apertura del corriente año cosechó tres empates y cuatro derrotas. La última por 0-4 frente a Banfield, hecho que provocó la doble renuncia, tanto del DT como de CLM. A su favor, dirigió por copa la serie frente a Argentinos Juniors, vigente campeón del Clausura 2010, y logró avanzar en la Sudamericana, en la cual El Rojo se coronaría campeón en diciembre de aquel año.


Aquí haremos un antes y después. Mientras se buscaba un reemplazo a Garnero, Francisco Pancho Sá y Ricardo Chivo Pavoni se encargaron de la dirección técnica provisoriamente. Vaya si no les fue mal en su debut, que en el primer partido venció por la mínima Independiente a un Gimnasia dirigido por un tal Diego Cocca. Lo que son las cosas del destino, che (?). En ese match, nuestro homenajeado dijo presente, pero como marcador de punta y no central. La formación para ese cotejo dispuesta por la dupla técnica fue: Hilario Navarro; Báez, Julián Velázquez, Leonel Galeano, Lucas Mareque; Nicolás Cabrera, Roberto Battión, Eduardo Tuzzio, Federico Mancuello; Facundo Parra y Andrés Silvera.


Nuestro homenajeado, durante el fugaz interinato, fue titular en los dos partidos que continuaron, cumpliendo buenas actuaciones: Sobrio en la marca y yendo bien de arriba. Presenció el encuentro de ida frente a Defensor Sporting de Uruguay en instancia copera, derrota 0-1 como visitante, y la durísima derrota en Mendoza por 0-4 frente a Godoy Cruz, piedra en el zapato para nuestro equipo si las hay. Con la llegada de Antonio Mohamed, condimentada la misma con frases como “La actitud no se negocia”, el defensor paraguayo fue confirmado como titular por el propio Turco, mientras se acercaba el encuentro más importante para el nuevo DT: el derby de Avellaneda.


Voy a hacer un punto de inflexión en esta nota, y dejo que el hincha le gane al periodista (?). Presencié ese partido, junto con mi hermano, mi papá y mi primo, estando ubicados en una de las gargantas. Sí, a priori una vista diagonal del juego, pero siempre digo, del nuevo estadio, toda ubicación es excelente. Prosigo: El clima que se vivió fue una fiesta, cancha a reventar (como se presupone el día domingo nuevamente), hinchas visitantes, muchas cargadas al eterno rival de siempre y poco importaba el mal momento futbolístico. Pero en cuanto al juego, nulo, escaso, feo, -muy feo- a mi criterio. Pero con mucha actitud. Y eso no se ignora. El otro equipo de Avellaneda tuvo ocasiones para romper el cero, pero se topó con un Hilario Navarro sublime, que atajó para unos 11 puntos esa tarde. Sacó todo. Fue una muralla.

Mientras el correntino hacía mantener de pie a Independiente, a los 45 del primer tiempo llegó un córner para El Rojo y tras un centro de Leandro Gracián, Báez conectó de cabeza. Gol. Golazo, ¡¿qué más da?! diría yo. El grito atragantado de más de 30 mil independientistas presentes: Un infierno encantador que nos dejó afónicos. Enfrente una hinchada en silencio atroz, y el juvenil, emocionado hasta las lágrimas, abrazado por todos sus compañeros. Una perla: Se ve que en la dedicatoria del gol la humanidad de autor del tanto fue a apuntar a la garganta donde estaba precisamente quien les narra esta crónica. Obvio que teniendo 13 años y con mucho por aprender (?), la ingenuidad me hizo pensar: “Sí, me dedicó el gol el pibe”.


En fin, Independiente venció a Racing, y seguramente haya sido un factor clave en la mentalidad de los futbolistas comandados por Mohamed, ya que tan solo dos meses después se encontró agua en el desierto: la mencionada obtención de la Sudamericana 2010, el decimosexto torneo internacional, en aquella noche eterna y calurosa donde todos nos emocionamos sin pudor alguno.


Sin dudas que Báez no olvidará que al cuarto partido como profesional marcaría su primer -y único- gol en Independiente, que sirvió nada más y nada menos que para ganar un durísimo clásico, enmarcado en un contexto que parecía sumamemente desfavorable para Los Diablos.

Cristian, ese día, te convertiste en héroe. Gracias por ese momento.

jueves, 11 de mayo de 2017

Independiente 4 – Racing 0 (2005)


La última docena de años trajo consigo varias curiosidades si de Clásicos de Avellaneda hablamos. Caramelos, tribunas quemadas, localías impropias, abandonos y armas, son algunos de los asteriscos que atañen a este duelo y que varían la ecuación de noventa minutos, 22 futbolistas, cuatro jueces y un score a definir por los protagonistas.

El derby de aquel Apertura 2005, en la siempre entrañable Doble Visera, no será uno más. Al menos no para los Rojos, que deliraron con las tres anotaciones de Nicolás Frutos y una joyita de Sergio Agüero que descaderó a Diego Crosa, y gozaron de un cuatro a cero a favor que quedará en la historia. Aquella mañana del domingo 11 de septiembre, que hizo madrugar a varios para ver una nueva goleada que abultó el historial a favor, quedará grabada a fuego en la retina de todos los falangistas que concurrieron.

Sin embargo, luego de la victoria obtenida, decretada tras el pitazo final de Sergio Pezzota, habrá imponderables que ustedes –como nosotros- no tendrán en cuenta. En Independiente Inédito nos preguntamos ¿Qué fue de la vida futbolística de aquellos hombres, luego de la gesta?, por lo que hurgamos en los lugares más recónditos de la internet para poder compartirlo con el público lector, esperando el mismo dejo de asombro, con cejas levantadas, una sonrisa en la boca y un probable “¡Miráaa, ¿Te acordás de…?”, tal como vivenciamos desde este lado comunicacional.

Aquel día, por disposición del Emperador Julio Cesar Falcioni, Bernardo Leyenda –ficha puesta en nuestro blog- salía al campo de juego a hacer la entrada en calor y se acercaba a los arcos para defenderlos, en el génesis de cada tiempo. Aquel golero de pelo blondo, que llegó en el 2005, proveniente de Banfield, decidió colgar los guantes en el año 2014, luego de pasos por equipos como River Plate; el rival de toda la vida en el 2008; San Martín de Tucumán; Defensa y Justicia; un breve lapso por el altiplano boliviano en el Real Potosí, y All Boys, con la entidad de floresta como última escuadra, antes de decir basta en el ambiente futbolero.

Si hablamos de la parte defensiva, tenemos que decir que el lateral derecho lo ocupó Martín Pautasso, de arribo a Avellaneda en la temporada ’05 y que, luego de entrar en la galería de los derbys, pasó por el AEK de Grecia y Olimpia en Paraguay, como travesías en el exterior, antes de regresar al país para sumarse a Belgrano, Atlético Tucumán, Huracán y nuestro homónimo mendocino, en donde se retiró en 2014. Marcelo Méndez, con relato en nuestras páginas, junto a Fernando Cáceres conformaron la dupla central. La historia del campeón de la Copa América con la Selección es más conocida. En 2006 recaló en Argentinos Juniors para poner un punto a su carrera y llegar a entrenador de la reserva del Rojo en 2009. Finalmente, el tres fue Eduardo Domínguez de posterioridad por el DIM de Colombia; Los Ángeles Galaxy yankees; All Boys; Altético Rafaela y cuatro etapas en el Globo, en donde se puso el buzo de DT y lo llevó a la final de la Copa Sudamericana. Hoy, da órdenes detrás de la línea de cal en Colón de Santa Fe, animador del campeonato en el 2017.

Pasamos a la mitad de la cancha y nos encontramos con Lucas Pusineri por el andarivel derecho. Pusi se sumó a las filas de River en 2006, retornó a Alsina y Bochini del 2007 al 2010 y cayó en Platense para el adiós. En estos momentos, diagrama su cuerpo técnico para comenzar a ejercer y llegó a postularse para el cargo en el Rojo en donde, desafortunadamente, todavía no tuvo su chance. En la zona medular, Mariano Herrón –homenajeado por su gol de penal ante que Mascherano lo pusiese de moda (?)- y Esteban Buján buscarían darle equilibrio al equipo en el círculo central. Herrón, luego de cuatro temporadas con los propios, recaló en Deportivo Cali, volvió un año y despuntó sus últimos toques con el balón en Aldosivi, hasta que en 2012 fue designado para trabajar como deté en la tercera. Por su parte, Buján, viajo a Mendoza para jugar en Godoy Cruz; pegó la vuelta al conurbano sumándose al Taladro; mantuvo una corta vivencia internacional en el Albacete español y Pass Giannina griego, para cortar su trayectoria en Ferro, adversario de Vélez, casa que lo hizo debutar. Por último, en la parte siniestra, estuvo recostado Lucas Biglia, de reconocida trayectoria, que se trasladó al Anderlecht, donde conquistó cinco ligas locales, tres Supercopas, una Copa belga, hace cuatro temporadas es la manija de la Lazio, con capitanía incluida, y llegó a ser sub-campeón del mundo con la albiceleste en 2014, además de lograr dos segundos puestos en las Copas América 2015 y 2016.

El ataque estuvo a cargo de Sergio Agüero, chiquilín atrevido en esa época, y Nicolás Frutos. Del Kun no hay mucho por agregar. Tras una millonaria transferencia de 28. 28.750.000 dólares, se sumó a los entrenamientos en Atlético de Madrid, donde atrapó una Europa League y la Supercopa europea, para luego asentarse en Manchester y vestir los colores del City. Con el elenco capitalino ganó dos Premier League, misma cantidad de Copas de la Liga y una Community Shield, convirtiéndose en el segundo máximo artillero citizen, a solo diez tantos de Eric Brook, además de correr con la misma suerte que Biglia en el seleccionado. Frutos, en lo que a él respecta, también dijo presente en el Anderlecht, donde fue compañero de Biglia. Allí, consumó el mote de ídolo, al hacerse de tres ligas locales, misma cantidad de Supercopas y una Copa local, donde convirtió 59 tantos, en 96 cotejos.

Además, J.C, movió en tres ocasiones el banco de sustitutos. Emiliano Armenteros fue el primero en ingresar, y a quien recordaremos en primer instancia. Post C.A.I, fue a parar a España, donde Sevilla, Xerez Rayo Vallecano y Osasuna lo recibieron, antes de recalar en el Chiapas mexicano. Posteriormente, Eduardo Bustos Montoya sustituyó a Agüero en campo. El Tati probó suerte en Quilmes, Levadiakos de Grecia, Temperley y Central Córdoba, último destino del tren del profesionalismo. Frutos, envuelto en una horda de aplausos por su hat-trick mañanero, cedió su lugar a Martín Fabro, en el ocaso del encuentro. El hombre proveniente de la cantera de Domínico, es uno de los que aún se mantiene vigente, y a quien podemos destacar por su ascenso a la B Nacional con Brown de Adrogúe –y que nos vacunó por duplicado en el LdA- y por llegar a la elite argenta con Unión de Santa Fe. Boca Unidos de Corrientes lo cobijó en 2015 y todavía lo sostiene, inmerso en el calor sofocante del norte del país.


“Aquí están, estos son…” y los rememoramos para que estén siempre en la imborrable memoria de los seguidores y la red (?). Una especie de volver a vivir para los autores materiales de aquella apabullante victoria y que, ¿por qué no? Puede simbolizar uno de los clásicos más importantes de los últimos tiempos. 

martes, 9 de mayo de 2017

Ciencia Ficción: Teo usó su cabeza como un revolver (?)



El clásico de Avellaneda está a la vuelta de la esquina e #IndependienteInédito se sumerge en situaciones particulares, hechos interesantes y casos dignos de contar para vuestro deleite como lectores. Y amén de que la historia de esta ocasión es protagonizada por un ex miembro de la escuadra vecina, el hecho de que esto tomara lugar en nuestro estadio, y por supuesto tras un derby, lo hace simplemente inevitable de recordar. Se trata de una de las vivencias más extrañas experimentadas en esta clase de cotejos.

La Fecha 10 del Clausura 2012 postulaba que El Rojo y Racing Club deberían medirse en el Libertadores de América. Por nuestra parte, perduraba en el césped el optimismo al acarrear el equipo, con Cristian Díaz al mando, una senda positiva de resultados desde su asunción en la quinta jornada, cuando reemplazó a un malogrado Ramón Díaz: 5 a 4 a Boca Juniors, 2 a 0 a Belgrano, caída 0-3 con Colón, retorno a la victoria con un 2 a 0 ante Rafaela y un 1-1 frente a Vélez Sarsfield. La visita, por su parte, veía a su entrenador Alfio Basile apagarse en el banco de los suplentes. Marchaba en los últimos puestos de clasificación y un resultado adverso en el cotejo significaría la conclusión del ciclo de El Coco.

Posemos nuestros ojos en el once titular racinguista. En él se encuentra el delantero colombiano Teófilo Gutiérrez. Alguna vez tentado por El Diablo para sumarse a sus filas, su personalidad rebelde e inestable comenzaba a engrosar las páginas de los diarios deportivos, más allá de un rendimiento que, sentimientos afuera, era digno de destacar. Poca disciplina e historial de expulsiones, premisas poco favorables para él. Racing estaba en una situación delicada y los ánimos de Teo no combinaban adecuadamente con el contexto. Todo lo contrario, articularían el estallido de una situación que sonó sumamente peligrosa, pero terminó disolviéndose en lo bizarro.



Justamente TG fue el hombre del momento cuando abrió la cuenta a los 26 minutos del primer tiempo, frente a la incredulidad del Libertadores. Afortunadamente, una remontada furiosa comandada por Facundo Parra -doblete-, Patricio Vidal y El Patito Rodríguez puso las cosas en orden con categoría: Goleada por 4 a 1 y fiesta, abrazos y puños apretados en una nueva ocasión de ensanchamiento del historial a a favor. ¿Y Teo? Con el encuentro 2 a 1, y a veinte minutos del pitido final, tuvo un intercambio curioso (?) con el referí Sergio Pezzotta, quien ya le había mostrado la tarjeta roja a Bruno Zuculini minutos antes. ¿Qué pasó? Él aseguró que Gutiérrez lo llamó cagón, motivo suficiente para expulsarlo del clásico. El atacante atinó a decir que no le dijo cagón, sino carón, palabra con las que se asimila en su Colombia natal a alguien de principios escasos, o meramente un sinvergüenza. Dicha explicación no valió nada para el árbitro: La roja era una realidad, el partido continuó y el resto de la historia ya la saben.



Mientras los players de Independiente hacían suya la jornada con cánticos y festejos, los jugadores derrotados de RC ingresaron al vestuario con desazón y tristeza. Se fusionan en el aire sensaciones que construyen el ultimátum. Teo Gutiérrez, más herido en su ego que en el plano de una fuerte derrota, asimilaba en silencio una nueva expulsión en su historial. Pero su pose no era la de un individualista arrepentido. Más bien, era la de un soldado en desventaja listo para su última batalla, sea en un campo de juego o en un vestidor visitante. Cuando sus compañeros lo increparon, lo que era una intervención calma se transformó en una pelea a los gritos. La antitesis de Gutiérrez se centró en el arquero Sebastián Saja y en el defensa Lucas Aveldaño, ambos enfurecidos por la falta de responsabilidad del delantero, y deslizando que su personaje y su show se lo estaba devorando. Claro que con otras palabras (?). De la vía oral se pasó a los empujones y al increpe físico. TG, desbordado y decidido a mandar todo al pasto, pausó sus palabras para con sus compañeros -ahora rivales- y metió una de sus manos mano en su bolso. Segundos más tarde, con un arma de aire comprimido en la mano, desafiaba a Saja a un duelo: "Vení, maricón. Te voy a meter un tiro".

A Facundo Parra, quien para ese entonces ya debía estar metiendo la llave en la puerta de su casa, ni se le podía cruzar por la cabeza que el delantero rival, después de amenazar con un arma a sus pares, se retiraba en taxi solo, despidiéndose de esa forma de Racing Club y dando pié a un sinfín de teorías mediáticas respecto a que pasó en el vestuario, algunas más apostando a la teatralización que al hecho en facto. Aunque, en realidad, la cosa era tan insólita como inabordable. Se diría posteriormente que el revolver era de un juego de PaintBall, y que Teo lo tenía en su bolsito por haber estado practicando dicha actividad poco tiempo antes al cotejo. Lo normal.



Con Alfio Basile renunciando, Gutiérrez yéndose solo a su casa y El Rojo festejando un nuevo triunfo ante los vecinos, remontada, goles y armas fue el título de una película feroz que, para nosotros, tuvo final feliz.

domingo, 7 de mayo de 2017

Ciencia Ficción: El clásico de los Flynn Paff (Racing 0 - Independiente 2, 2006)

Esbozar, a modo de definición, que el fútbol es un deporte en el cual veintidós jugadores –divididos en dos equipos con once profesionales cada uno- corren detrás de un balón en pos de anotar en la portería contraria, resultaría algo tan básico como afirmar que uno gana porque el otro pierde. El mundo de la redonda sugiere varios factores, in situ o en las adyacencias de su epicentro, que componen y enmarcan lo que realmente transmite.

Las hinchadas sostienen un rol fundamental en ese sentido. La afirmación que indica que la gente también juega su partido es más que valida para poder entender este fenómeno en toda su plenitud. Con cánticos a favor u en contra, colmando las gradas y acompañando a su equipo componen un estandarte primordial en el antes, durante y después de que el balón comience a girar, más aún, si de un clásico hablamos.

El derby avellanedense es uno de los de mayor envergadura en nuestro país. Características como la sumatoria de campeonatos locales e internacionales entre ambas escuadras; la locura que se vive en un ciudad tan grande y pequeña a la vez como Avellaneda; la historia que compone la vida de ambas instituciones y la cercanía abrumadora de sendos estadios, con apenas doscientos metros que dividen colores, simbolismos y una vida de más de 100 años para ambos, son asteriscos que podemos denotar para comentarle a cualquier foráneo sobre el vivir en la semana previa al partido que todos quieren ganar. Porque acá o estás de un lado de la vereda o del otro, aunque a veces las familias tengan componentes con tintes rojos, entremezclados con otros celestes y blancos, típicos de un lugar en donde la pasión inunda desde la bajada del Puente Pueyrredón, hasta el rincón más recóndito de Wilde.

El día 25 de febrero del 2006 no representaría 24 horas más para los nacidos en esta ciudad del conurbano bonaerense. Esa tarde, a partir de las cuatro para ser exactos, diablos y académicos darían rienda suelta al fervor ligado al balón nuevamente. La esquina de Colón y Alsina parecía inundarse de camisetas cuya principal iconología era representada por un escudo de sigla C.A.I. La interjección por donde entraba la parcialidad visitante al Juan Domingo Perón estaba inundada por miles de personajes con remeras de todas las épocas, pero con un denominador en común, envueltos en una nube roja de algún loco que no esperó a entrar para explotar su pirotecnia y con el característico humo proveniente de la parrilla que provee a los fanáticos de comida en la previa y el post al cotejo en cuestión.

Anecdótico, pero no de menor relevancia, será para nosotros el desarrollo y análisis del partido que en minutos estaba por vivirse. El centro de esta crónica radica en el color y el bendito folclore tan característico de nosotros. Ese tiempo, pese a que no dista mucho de la actualidad, nos separa contundentemente en la temporalidad: El local todavía otorgaba las dos bandejas para agasajar a los invitados de turno; Julio Comparada era Presidente del Rey de Copas; Sergio Agüero era un pequeño demonio con altas posibilidades de emigrar hacia Europa; y Diego Simeone representaba a los vecinos en el banco de suplentes, dando sus primeros pasos en la dirección técnica, sin siquiera pensar que en el 2017 sería el candidato número uno para ocupar el lugar que dejó bacante Edgardo Bauza en la Selección Argentina.

La popular y platea visitante del Cilindro estaban colmadas. Más de 15.000 independentistas se ocuparon de copar cada centímetro cubierto por pintura celeste y blanca para sentirse más que locales y volverse torazos en rodeo ajeno. Faltando diez minutos para la verdad, salen del túnel los once elegidos por Julio Falcioni que serán parte de una nueva edición de tamaña disputa. Seguido del cántico más popular en los tablones argentos, pepelitos, serpentinas, bengalas y tirantes representantes de la divisa punzó saltaron al campo de juego, pero con un condimento más nunca antes visto. Uno de esos factores ignotos en el mundo del balompié, que se hizo presente en aquel verano que repartía a los que disfrutaban de los últimos rayos de sol en el mar y los agobiados por el calor de Buenos Aires.

El famoso Flynn Paff era arrojado desde la tribuna para posarse sobre el verde césped a modo de burla para con el rival. ¿El motivo? Una extraña, pero conmemorativa, camiseta que la marca que vestía a R.C diseñó para ellos, con cuadros celestes y rosas superpuestos y que generaron el mote de rosita en la jerga popular. “El que no salta, es un Flynn Paff…”, rezaba el cántico novedoso que bajaba desde la cabecera, con las cámaras de televisión tomando la captura de ese momento y asombrados todos por el recurso curioso para mofarse del eterno adversario.
Foto archivo. Así estaban la calles de Avellaneda.
“Recuerdo que los alcanza pelotas se mataban por agarrarlos”, suma al comentario un espectador presencial de ese momento, que rememora la gesta de ligada a la industria golosinera. “Fue algo increíble porque no había redes sociales. Todo era de boca en boca”, relata el amigo anónimo, destacando la labor de toda la falange, recalcando el vox pópuli, mientras Facebook, Twitter o Instagram dormían en las todavía no ramificadas ideas de sus creadores, en tiempos en donde la computadora tenía como servicio principal al MSN o servía para matar el tiempo con juegos como el Solitario o el Space Pimball 3D.

Como dijimos, desmenuzar los estilos de juego y el resultado no es preponderante, pero es imposible no recalcarlo. Una actuación estelar del Kun depositó a los nuestros en lo alto de la gracia y hundió al oponente, bajo la atenta mirada de los bailes que protagonizó el hoy inmerso en las filas del Manchester City, batiendo en dos oportunidades la valla de Campagnuolo y desatando la algarabía para quienes sostienen la diferencia favorable en el historial.

El final llegó y, con él, la salida de los visitantes primeros, deslizándose por las entrañas del centro hacia la avenida mitre, disfrutando de una nueva victoria, mientras la comida y el alcohol volvían a girar entre los distintos grupitos, que componen a una masa madre. Un dos a cero, con tintes dulces y la descripción del diario Olé como síntesis global de todo lo que pasó: “La hinchada regó el área rival con caramelos: trató a Racing de amargo y lo gastó por la casaca rosa y celeste. Fiesta”.


viernes, 5 de mayo de 2017

David Abraham


Tragados por la tierra. Así cruelmente solemos etiquetar los hinchas, desde la comodidad de nuestro sillón y relojeando la última porción de muzza con fainá, a los futbolistas de los cuales hemos perdido totalmente el rastro. Hombres que solíamos ver en la formación de nuestro equipo amado, pero que el paso del tiempo se encargó de depositar en una ubicación que excede nuestro conocimiento. Internet se torna aliado, entonces, para despuntar la duda y enterarnos, Wikipedia mediante, en donde anda aquel pibe que pintaba bien y después, simplemente, dejó de asomar desde el tunel.

Dentro de este análisis (?), la suerte de nuestro sujeto en cuestión suele ramificarse en dos ámbitos. Por un lado, aquel que terminó sus días participando de una liga local, en algún país lejano ó, simplemente, retirándose del ámbito del fútbol y dedicando su existencia a otro arte. Pero, por el otro, están los menos usuales. Aquellos que triunfaron, lograron éxito y mantienen un status altamente digno en el mundo de la redonda, y aún así, por algún motivo, no son nombres que participan del debate rutinario, ni mucho menos sujetos que vengan a nuestra memoria con gran facilidad. Y sin embargo, allí están, manteniendo un gran juego, codeándose con los grandes y levantándola en pala  ganando el capital más preciado, la experiencia. En esa isla parece situarse David Abraham.

Lungo, rubión y de rostro serio, este defensor apareció en el primer equipo de Independiente hace casi ya década y media. 2004 fue el año del debut, perteneciendo a una camada que, de a poco, comenzaba a mostrar nombres como Oscar Ustari y Sergio Agüero. La competencia a por un lugar en el equipo fue complicada para este jugador de nombre bíblico, topándose con nombres como Marcelo Méndez y Lorgio Álvarez.

La gran rival de DA en Avellaneda fue la regularidad. En sus tres años en la institución, no logro afianzarse como un hombre fijo en el once titular. Su estadística marca 69 partidos con dos goles convertidos, el último de ellos en un 3 a 1 a favor ante Quilmes, con un preciso cabezazo al ángulo de la valla oponente, acción articulada por su casi metro noventa de altura.

Lo jugoso (?) viene después, porque Abraham se convirtió en un sólido actor de los equipos de "segundo rodaje" en el primer continente, convirtiéndose en ídolo en varios de ellos. Quizá su ausencia en la mente de los fanáticos rojos se deba a los conjuntos que lo acobijaron: Escuadras opacadas por gigantes en España, un paso por el siempre internacionalmente limitado fútbol suizo y una larga estadía en la Bundesliga, algo relegada de los primeros planos antes del (nuevo) boom del Bayern Munich, y en menor medida el Borussia Dortmund, en los años recientes. En efecto, Gimnastic Tarragona, Getafe, FC Basel, Hoffenheim y Frankfurt fueron los sitios donde David sentó residencia. El Diablo, mientras tanto, realizaba campañas irregulares en la máxima división, ganaba la Copa Sudamericana, borraba las sonrisas con un nivel paupérrimo consecutivo a dicha obtención y caía, finalmente, en las garras del descenso, para luego resurgir no sin hacernos transpirar hasta el último cotejo.

Sin embargo Abraham, desde lejos, desde la comodidad de un pueblo español, el confort del día a día suizo y la deliciosa cultura alemana, nos tomó por sorpresa.  Porque tamaños lujos no estaban listos para las palabras que deslizaría en una nota realizada en 2013 a Infierno Rojo: “Es difícil jugar en Argentina, hay que estar en una buena condición física, no volvería por volver, pero espero que el fútbol me dé una segunda oportunidad en El Rojo porque la primera que tuve no la supe aprovechar del todo.". Admirable sus declaraciones, teniendo en cuenta que mientras él deslizaba dichas oraciones, Independiente se recuperaba de una derrota de local ante Brown de Adrogué.

Coronó su intervención con una frase algo triste: "En Independiente nadie se acuerda de mi", algo que podría parecer cierto debido a que su nombre ni siquiera fue balbuceado en el tópico de rearmar el equipo de cara a la participación en la segunda división (y tuvimos que soportar nombres en defensa como Pichón Núñez). Pero invitamos al propio Abraham a que tome este humilde escrito como una prueba, de aquí a la eternidad, de que en el Libertadores de América si lo recordamos. Y no le cerramos la puerta, ¿verdad?

martes, 2 de mayo de 2017

Indulto o Condena: Daniel Montenegro (2003-2004)

Montenegro en el centro. Primer gol en River, justo ante Independiente.
¡Qué difícil es perdonar! ¿Cuánto pesa en una persona el tomar la determinación de absolver o no a otro ser humano? Ese otorgar las disculpas recibidas, pese a mantener cierto sabor agridulce por lo pasado y por lo que puede suceder en el futuro, que genera algún que otro resquemor por el hecho de volver a la confianza. Hay quienes dicen que sólo Dios condona. En ese sentido, inmersos en la materia del fútbol, podríamos convenir en que Independiente pasaría a ser la religión, el Libertadores de América un templo y la deidad sería representada por una masa homogénea, ignota, pero a la vez con fuerza de voz y voto, que sentenciará o no y que podremos denominar como hinchada.

Indulto o Condena encarna –en forma de escritura- los pésames que todo fanático, en algún momento, se cuestionó. Líneas que, tanto yo escritor como usted lector, por el mismo carácter de peregrinar en pos de los Rojos alguna vez vivenciamos. Dicho esto, demos rienda suelta a la historia que hoy compete y, luego de juzgar los hechos, nos preguntaremos qué merece el homenajeado.

El Judas de esta historia será representado por Daniel Gastón Montenegro. Para muchos -sino mayoría- personifica el arquetipo de ídolo versión nuevo milenio, integrante del elenco campeón modelo 2002 y con records en su haber que avalan sus cuatro pasos por nuestra institución, tales como convertirse en el jugador con más presencias en el siglo XXI u ostentar el record de máximo artillero en el mismo espacio temporal. Hitos, que quedarán seguro para la historia y que alcanzarán la incuestionabilidad, de no ser porque existir esta sección, que busca el lado alternativo de la historia y trae a la mesa momentos de confusión.

Corría el Clausura 2003 cuando todo entró en un trance de eclosión. Apenas meses después del último galardón conseguido a nivel local, el team conducido aún por Américo Gallego buscaba el rumbo perdido a la vuelta de la esquina y que pareció haber quedado en la memoria del olvido de las exitosas campañas Rojas. Un 17ª puesto llevó a la salida del Tolo y al reemplazo por un hombre de peso: Oscar Ruggeri. El Cabezón asumió un 28 de mayo y todos los cañones apuntaban a pegar el salto cualitativo a nivel internacional y volver a los puestos de vanguardia.

El gran objetivo para OR y compañía estaría plasmado en la Copa Sudamericana de aquel año. El segundo trofeo en importancia, a nivel continental, era la presa por la que ir a luchar, con un plantel totalmente renovado respecto de aquel elenco consagrado, ya que apenas el defensor Franco quedaba en pie, al menos en la onceava titular del técnico. Entre ellos, uno de los que vio su partida y sobre quien comenzaremos a enlazar esta crónica era el de la recordada casaca número 23.

Daniel Grinbank, empresario dedicado al fútbol, era el apoderado del pase del Rolfi. Aquel que compró su ficha y lo cedió a los de Avellaneda por un año, fue el mismo que, ante la finalización del vínculo contractual, le sacó el dulce al niño y lo entregó a un rival directo: River Plate. El propio Millonario sería un obstáculo a vencer, en aquel difícil camino llamado Sudamericana y que tenía a un rival de peso en sus primeras instancias.

Los octavos de final reunirían a los de Avellaneda y los de Núñez a batirse a duelo, con el objetivo de acceder a una nueva llave que alimente el componente de la ilusión. En aquel equipo riverplatense estaba nada más y nada menos que nuestro ex valuarte, que regresaba a la Doble Visera mirado de reojo por toda la gente y con silbidos producto de una traición, así entendida por los espectadores. El equipo de Manuel Pellegrini fue claramente superior, pero el verdadero cruce, pese al baile que otorgaban los de camiseta con la banda roja, estaba en otro lado. Montenegro y la gente jugaban su duelo aparte, había otro fuego cruzado y un dolor en el medio que sustraía varias de las cosas que pudieran pasar, como el gol de Cavenaghi que abrió el marcador para el rival.

A los 37 minutos del primer tiempo, el clima pasaría a estar más espeso aún. Entre una sinfónica silbatina constante, y mientras el ahora diez de River dribleaba con el balón, llegó el momento de quiebre. Una escapada entrando por el vértice derecho del área grande y un remate cruzado violento que venció a Luis Islas decretaba el dos a cero para la visita, consecutivo a un festejo desmedido por el autor material del gol, sin saber para dónde ir por su corta y electrizante carrera, pero –quizá- entendiendo a quién buscar, rodeado de una marea de hinchas ajenos que supieron ser aliados. El score terminaría con un 1-4 que, prácticamente, depositaba la clasificación en el bolsillo para los del Gallinero, pero con el foco de broca y dolor puesto en otro lado, contextualizado por una platea colmada de insultos con un solo blanco en común.



Algo similar llegaría un tiempo más tarde. El Clausura ’04 convocaba a viejos conocidos en el Antonio Vespucio Liberti, por la cuarta jornada del certamen en cuestión. Ya sin Ruggeri en el banco, y con la vuelta de José Omar Pastoriza, el Rojo debía visitar la zona norte de Capital Federal para enfrentar a uno de los animadores del campeonato y volver a cruzar miradas con el homenajeado del día.

El resultado tuvo el mismo final. Zandunga 4-1 para el local, quizá producto de una costumbre a maltraer la racha contra el oponente de turno. Lo importante, en este post, pasará por otro lado. Aquella tarde del 7 de marzo, el Rolfi volvería a gritar, esta vez por duplicado, ante el Rey de Copas. El primero, de tiro libre, rasante, demostrando la especialidad de la casa. El segundo, obra de una habilitación de Cavenaghi que lo dejó solo frente al arco, con cierto dejo de suspenso, porque la redonda besó el travesaño antes de ingresar en su totalidad, ante la atenta mirada de Navarro Montoya, espectador de lujo en la escena. Esta vez, sin tanto frenetismo, esbozó una celebración con más mesura, corriendo hacia sus nuevos anfitriones, de camiseta blanca cruzada por el colorado, alimentando el enojo encarnado en la piel del hincha.

El Apertura 2005 será, al menos para nosotros, la última muestra que nos convoca al revisionismo de esta cronología. Otra vez, el peso de la paternidad tuvo un rol fundamental al torcer la balanza a un 3-1 en contra, en condición de visitante. Pese al arranque entusiasta, gestionado por un tanto de Bustos Montoya, la algarabía reinante en el rostro de Julio Falcioni duraría poco. Aquel bajito de potente disparo, ya con la 19 en la espalda, empató de cabeza, cobijó una pelota debajo de su camiseta y se sumó al festejo con sus compañeros, comandados por Reinaldo Mostaza Merlo. El resto fue un trámite y Radamel Falcao, cuando aún era un joven colombiano buscando su lugar en el fobal argento, clavó un doblete para sentenciar el tanteador.

El 2006 simbolizó un giro de 360 grados en este relato. Recorriendo la mitad del mes de junio, Julio Comparada -mandamás de la institución- pegó el golpe en el mercado de pases y anunció la contratación de Montenegro. Sí, aquel joven que debutó en el 2000, volvía después de tres años a Alsina y Bochini, con la pregunta de “¿Cómo actuará la gente?”, instalada en el morbo de los medios de comunicación.

Una desvinculación con un modus operandi ágil, tres millones doscientos mil dólares de por medio y 36 meses debieron pasar para que regrese el ex Olympique de Marsella. "La gente lo recibirá bien. Tiene muchas ganas de jugar acá. Incluso, cuando estábamos firmando el contrato él me dijo que estaba muy contento porque volvía a su casa”, reveló el Presidente bajando el malestar ocurrente y llevando un poco de mesura a los tablones.

Burruchaga le dio la cinta de capitán, pagó con goles, cumplió con creces y pasó a ganarse el respeto de los seguidores. "Cuando llegué hubo indiferencia, pero les demostré que siento la camiseta", soltó el propio enganche, en aires de tranquilidad y entendiendo que aquel encuentro de sus labios con el escudo del C.A.R.P  generó una situación en el cual, “es normal que te puteen, pero ya pasó”.

Años adelante, momentos vividos y cambios radicales llevarán a que las mayorías recapaciten y visualicen en el profesional un afecto general, al menos para las nuevas generaciones. El hecho de volver en el peor momento de la historia, demostrar actitud y compromiso, fueron asteriscos claves que llevaron a sanar las heridas, pese a su precipitosa salida post conflicto con Jorge Almirón.


Ya en Huracán, el presente construye otro marco, pero ante la duda de cualquiera, algún que otro periodista le consultó sobre la posibilidad de convertirle a su ex club. “No le gritaría un gol a Independiente”, sentenció el diez, incursionando en sus últimos ratos de fútbol en la capitalino barrio de Parque Patricios. No queda más que preguntar, para ustedes, el trayecto de Montenegro merece ¿Indulto o Condena?