martes, 13 de junio de 2017

Ciencia Ficción: El partido contra Peñarol (2011)



"Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar". Dicha premisa reposa en uno de los momentos cúlmine que posee la mítica Fight Club, película del año 1999 protagonizada por Edward Norton, Helena Bonham Carter y Roberto Battión Brad Pitt. Bien nos sirve aquella frase para recrear lo que sucedía en el Estadio Centenario el 12 de Abril del 2011. Era noche de Copa Libertadores. De un lado, Peñarol de Montevideo, con plaza ya asegurada en la siguiente ronda, y con el mantenerse en el primer puesto del Grupo 8 como máxima motivación en la velada que nos regalaba la Banda Oriental. La visita, Independiente de Avellaneda, necesitaba un verdadero milagro para continuar su trayecto en la competencia: Por un lado, esperar que Liga de Quito y Godoy Cruz -los otros dos integrantes del cupo- empataran en Ecuador. Y, por el otro, debía anotar ¡ocho goles! en su paso por suelo uruguayo. En ese momento, la preocupación no pasaba por anotar tamaña goleada, sino siquiera mantener la dignidad en lo que sería la despedida tempranera de la copa.

Había sido muy flojo el transitar independentista hasta la última fecha de disputa. Debutó con un 3-0 promisorio frente a los uruguayos, ante un Libertadores colmado. Pero lo posterior estaría lejos de tamaña performance: 0-3 y 1-1 ante la LDU y 1-3 y 1-1 ante los mendocinos, conocida piedra en el zapato para nuestro historial. La escuadra que había ingresado a la competición tras vencer en repechaje al Deportivo Quito, se apagó fecha tras fecha y con ello arribo la disconformidad del público. El técnico Antonio Mohamed perdía crédito, la irregularidad en el once titular era algo desordenado más que rotativo y el refuerzo de peso contratado en el mercado veraniego, Matías Defederico, caminaba un nivel bajo en comparación a sus tiempos jóvenes en Huracán. Cabizbajo y con sus objetivos lejos de su horizonte, Independiente arribó a la tierra de Rubén Rada venerando un empate como sinónimo de conformidad.


Hay algunos rincones de la vida en que caemos a un lugar con tan poca fe en que suceda algo bueno, tan seguros de que la mediocridad será nuestra única compañía en aquel sitio, que pareciera que por capricho del guión ciertas cosas insulsas comienzan a tornar un sabor placentero, y lo que iba a salir mal, sale... bien. Muy bien. Y uno puede irse con la cabeza alta, prometiendo aprender de los errores y resguardando la actitud que presentó en una noche donde nadie esperaba algo de nosotros. Es cierto que Independiente fue eliminado en primera ronda. Pero ganó por 1 a 0 en un partido que disputó de igual a igual, con intensidad y concentrando su potencial en el ataque que Patricio Rodríguez, Leandro Gracián, Jairo Castillo y Facundo Parra compusieron en aquella lejana noche transcurrida hace más de media década. Hasta aquel cotejo, Peñarol llevaba un invicto en su estadio en la competición. El único tanto, arribado a finales del primer tiempo gracias al ex Chacarita, torció su destino y lo relegó al segundo puesto: Liga venció a Godoy Cruz y arribo al máximo lugar del grupo.



¿Dato de color? De arquero terminó ¡Parra! ¿Cómo fue esto? Se acercaba el final del partido y el atacante Juan Manuel Olivera inició un pleito con el lateral Iván Vélez, llegando el primero a agredir al colombiano con un cabezazo. El arquero Fabián Assmann quiso separar, pero su enojo pudo más y terminó empujando al agresor, incluso cayéndose al piso y reteniendo con sus manos envueltas en goma espuma al uruguayo. A Mohamed ya no le quedaban más cambios, teniendo que tomar el sitio bajo los tres palos el autor del único gol del match. Parra fue el último hombre de El Rojo durante los últimos diez minutos de encuentro.

Titulares aquella noche fueron Assmann; Vélez, Carlos Matheu, Julián Velázquez, Maximiliano Velázquez; Fernando Godoy,  Battión, Federico Mancuello;  Gracián, Castillo y Parra. Patricio Rodríguez, Hernán Fredes e Iván Pérez ingresaron a posterior. El guardameta, el goleador y El Patito fueron las figuras del cotejo, junto con el arquero de Peñarol, Sebastián Sosa, de futuro en el fútbol de nuestro país.

La escuela de Pepé: Ustari, Assmann, Gabbarini, Parra (?)


¿Qué hacer cuando no queda más nada que perder? Quizá solo queda ganar. Y si es con Parra atajando, mejor, más anécdotas.


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