martes, 21 de marzo de 2017

Víctor Zapata


Deambular en los últimos años de historia de Independiente resulta, verdaderamente, una “Caja de Pandora”. La reiterada leyenda de la antigua Grecia, que tiene a Pandora, bella y radiante –contenedora de los males que habitan en la tierra-, junto a Epimeteo, culpable por caer en la tentación ante la diosa, cabe perfectamente en el umbral de las pasadas temporadas.

Javier Cantero, Presidente del Rojo en aquel entonces, fue uno más de los que cayó, indefectiblemente, en tal caja. Los males eran muchos y desplazados por doquier: Un equipo colmado por jugadores longevos; un técnico con poca experiencia dirigiendo en la primera división; una lucha contra los barras que lo tenía contra las cuerdas; una hinchada que creía cada vez menos en su lema “escobillero”; un promedio que acechaba con la pérdida de categoría, se sumaron a un mercado de pases que quedará en la retina de todos los hinchas.

Con la inmediata necesidad de formar un elenco capaz de hacer resurgir a la institución avellanedense, pareciéndose a la imagen de un Ave Fénix, el candidato vencedor en los comicios, por parte de la agrupación “Independiente Místico”, cometió dos errores que culminaron siendo claves para que se consuma la caída del gigante: sostener –en un primer término- a Cristian Díaz como entrenador y conformar un plantel con jugadores de experiencia, con recorrido en el profesionalismo, pero sin contemplar una posible caída de un grupo cuyo promedio de edad culminó siendo contraproducente y eslabón de una cadena que tenía su fin en una divisional menor.

En todo este encuadre podremos sumar a un nombre propio, integrante de esa lista de nuevas incorporaciones, que propinó un dolor de cabeza y el asentamiento de que, aquellos que provienen de Vélez –al menos en el último lapso temporal- no rindieron como supieron hacerlo en el Fortín. Víctor Zapata, de 33 abriles en ese entonces, arribaba a calles rojas con pergaminos de sabiduría, una zurda exacta y seis títulos en el lomo, repartidos con River Plate y los de Villa Luro.

"Estoy contento por esta nueva etapa; uno busca siempre nuevos horizontes y nuevas metas", sostuvo el oriundo del partido de San Martín, en Buenos Aires, que firmó contrato por dos años –con posibilidad de sumar uno más- y viajó de inmediato a Tandil, en donde sus nuevos compañeros realizaban la pretemporada.

Su debut con la casaca del Diablo fue en un 0-0 en la cancha de Newell´s, en lo que fue el inicio de la última temporada, con esperanzas para salvarse de la agonía. Aquella noche en el Parque de la Independiente, Díaz dispuso el siguiente once titular: Hilario Navarro; Gabriel Vallés, Eduardo Tuzzio, Cristian Tula, Claudio Morel Rodríguez; Hernán Fredes, Roberto Battión, Víctor Zapata; Paulo Rosales; Luciano Leguizamón y Ernesto Farías.

Luego de su esperado bautismo con la divisa punzó, se vio un tanto relegado por las lesiones que lo mantuvieron al margen de poder estar, si quiera, en la nómina de concentrados. Una contractura lo apartó y, recién, pudo volver a las canchas en la octava fecha en un nuevo empate ante All Boys en uno, ya con otro técnico sentado en el banco de suplentes.

C.D dejó el buzo de entrenador para dejárselo al aclamado por la falange. Américo Rubén Gallego, volvía a encontrarse en el “Libertadores de América”, esta vez para una misión más difícil que obtener un título: mantener la categoría. La derrota en el Clásico de Avellaneda, por dos a cero en el Cilindro, llevaron a la salida del ex lateral izquierdo y la asunción del último deté campeón doméstico.

En todo este asunto, nuestro homenajeado del día, vería poca acción en todo lo que significó el Torneo Incial 2012. A los ya mencionados encuentros ante La Lepra y el Albo, sumaremos apenas un puñado más. Una victoria en ante Rafaela en casa y otra conquista por Copa Sudamericana, ante Liverpool de Uruguay, serían el puñado de minutos que le dio el Tolo que lo tenía un tanto relegado en su consideración.

Llegó diciembre y, como pasó con varios refuerzos en la era canterista, la bomba explotó. El ex Real Valladolid buscaría rescindir contrato con apenas seis meses de llegado al club. “Zapata tiene que presentarse a entrenar el 3 de enero, después de las vacaciones, pero se va de Independiente”, sepultó Castellanos, representante del player, antes del regreso a los trabajos.

Sin embargo luego de una extensa charla entre el entrenador y el jugador, acordaron limar asperezas para que el zurdo volante continúe en el club y esté con los propios, de cara al torneo Finalización 2013. El resto, es cuento ya conocido.

La pobre campaña de A.G. llevó a una indeclinable renuncia a su cargo. Luego de una charla con su esposa, tras contemplar la situación de un equipo en zona de descenso directo y sin encontrar el rumbo futbolístico, dio un paso al costado, tras 24 partidos, para darle lugar a su sucesor: Miguel Ángel Brindisi.

Con el nuevo técnico los ánimos parecían reavivarse por Alsina y Bochini. El pase a los octavos de final de la Copa Argentina dieron luz de esperanza a un equipo con poco tiempo y fechas para lograr el milagro. “Hay que sacarse el sombrero con Brindisi. Sabe explicar y entender lo que hay que hacer dentro de una cancha. Se está dando un poco de todo, cambió la actitud, los conceptos y sabemos a qué jugamos”, engolosinadas palabras del Chapa que admitió un cambio dentro del grupo.

Pese a esto lo inevitable pasaría. Tras las declaraciones de Brindisi, “deben hacerse cargo los grandes”, por la situación que atravesaba el club, una derrota 0-2 ante La Crema, sepultaba todo tipo de expectativas. La última fecha ante Colón, en Santa Fe llegó, con la pérdida de categoría consumada ante San Lorenzo una fecha atrás.

El receso invernal de aquel 2013 será recordado por todos, en especial por Zapata, que comenzó siendo apartado y con licencia, El entrenador le comunicó en persona a Ernesto Farías, Víctor Zapata, Luciano Leguizamón, Roberto Battión, Eduardo Tuzzio, Osmar Ferreyra, Lucas Villafáñez, Hilario Navarro, Adrián Gabbarini, Jonathan Santana, Federico Gay, Gonzalo Contrera y Nicolás Villagra, que desde mañana quedan licenciados y su ciclo está cumplido.

“Estoy enojado con Cantero”, dramatizó Víctor, que tenía ilusiones de “cumplir el año que me quedaba”. Con intenciones claras de que debía buscar nuevo club recaló en Unión de Santa Fe, sin pena ni gloria y protagonizó un paso por el ascenso, firmando con Chacarita Juniors -entidad que lo formó-, con quien logró arribar a la B Nacional.

“Yo a Cantero lo veo como a un buen tipo, que siempre trató de manejar las cosas de la mejor manera. Al menos conmigo, dio la cara siempre”, aclaró en una de las últimas entrevistas, dejando el enojo atrás y realzando la figura del ex directivo. Ya lejos de su estadía por el sur del Conurbano, sus números reflejan 14 partidos, ningún gol y el alimento de que los últimos refuerzos provenientes de la institución de la V azulada, no resultaron gratos. 

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