viernes, 2 de junio de 2017

Antonio Barijho


El carácter de precoz es uno de los tantos que atañe a la vida de Independiente Inédito, con el mejor sentido de la palabra sobre la mesa, al hablar de futbolistas que tuvieron un paso fugaz vistiendo la casaca Roja. Hombres surgidos de la cantera o provenientes de otras escuadras que, al cabo de poco tiempo, vimos su inmigración hacia otros lares, ya sea por lesión, pocos minutos o bajos rendimientos en la primera.

El caso de hoy simboliza un nuevo momento efímero con la divisa punzó. El año 2006 cerraba su primera parte e Independiente se alistaba para el mercado de pases, en busca de competitividad para encarar el Apertura venidero. A la llegada de Daniel Montenegro, catalogado con el mote de "estrella" por los medios de comunicación, habría que buscarle un socio en la vanguardia que capitalice y conquiste las asistencias del Rolfi. 

Entremezclado en la siempre presente danza de nombres provenientes de partidarios y medios nacionales, Antonio Barijho se coló entre los nombrados, obtuvo fuerza, ganó la pulseada y, luego de su paso multicampeón con Boca Juniors, su estadía en Banfield o experiencias en el fútbol del viejo continente arribó a Avellaneda, a través de una cesión, sin cargo y con una opción de compra de 400.000 dólares.  Jorge Burruchaga, estratega de aquel entonces, craneaba un esquema mientras el frío de junio transcurría, en pos de regresar al plano del protagonismo y el Chipi decía presente para sumar armas en la ofensiva.

Resulta casi imposible describir de manera exhausta el paso del campeón de la Libertadores con el club de la Ribera en el Rojo. Luego de hacer su debut en la victoria tres a uno ante Belgrano, en la entrañable Doble Visera, donde acumuló un puñado de seis minutos en cancha, le llegó una racha adversa imposible de sostener. Por la tercera fecha, el elenco comandado por J.B visitaba al Xeneize y, pese a que muchos aguardaban por una posible Ley del Ex, los resultados no fueron los mejores, sumó casi 20 minutos más y, a partir de allí, no volvió a ver más acción.

Una desgarro en la novena jornada en el calentamiento previo para verse las caras con Gimnasia de La Plata lo mantuvo al margen para el resto del torneo, perdiendo terreno con sus compañeros en ataque y relegado por un Burruchaga que encontró el funcionamiento con un esquema propio que lo llevó a terminar el certamen en una decorosa cuarta ubicación.

El fin de la temporada y el año llegaron, arrastrando consigo la salida prematura del goleador surgido de Huracán de Parque Patricios. El técnico le comunicó al artillero que no contaría con sus servicios para lo que vendría y, así, empezó una depuración de profesionales que incluyó a nombres como Sebastián Carrizo, Martín Fabro, Fernando Lorefice, Enzo Bruno, Hernán Pérez, Lorgio Álvarez y Daniel Mielnichuck.

Un regreso al Globo -club de sus amores- y una recaída en Deportivo Merlo sumó el profesional antes de decir basta en el ambiente del fútbol, dejando como saldo apenas una sumatoria de 26 minutos en campo en la interjección de Alsina y Bochini, aunque siempre podremos recordar sus fabulosas historias, como cuando se quedó con la cadenita de Winston Bogarde -la cual confesó que utiliza de vez en cuando- o rescatar su papel de soldado en la batalla rusa, cuando militaba en las filas del Saturn.

martes, 30 de mayo de 2017

Germán Pacheco



Hay un patrón interesante en la cultura mediática del fútbol. Salvo casos puntuales, cada vez que el periodismo bautiza a algún buen samaritano como el Nuevo Messi, simplemente no se convierte en Messi. Crudo pero real, el contexto de aquella amarillista maniobra de los medios de abrochar las características de algún zurdo habilidoso que juega con la 10 a la vara altísima de los dotes de La Pulga, es una exigencia caníbal. Y nuestro homenajeado de hoy lo padeció vivió.

Corría el invierno del 2010 y tras la salida de Américo Gallego como entrenador, Daniel Garnero tallaba a medida su Independiente de cara a un semestre de doble competición: Torneo local y Copa Sudamericana. El ataque era un sector a reforzar para el DT y desde la península ibérica arribaría uno de los refuerzos: Germán Pacheco era su nombre. ¿Su procedencia? Nada más y nada menos que el Atlético Madrid, equipo testigo de sus pasos a sus jóvenes 19 años, escuadra que lo había fichado tiempo atrás cuando pateaba la redonda en las inferiores de Vélez Sarsfield.

Existe una conexión Independiente-Atlético fomentada en los tiempos que corren debido al clamor por Sergio Kun Agüero, que podría llegar a la hermandad visible en camisetas del equipo español adquiridas por seguidores rojos en pos de tener el apellido Agüero a sus espaldas. Pero todo esto puede convidar a la distorsión del arribo de Pacheco a Avellaneda. La realidad era que GP no había logrado trepar al nivel de Messi, ni igualar la obra del Sergio Kun en el Aleti. Había despuntado el vicio estando cedido en el Rayo Vallecano y alternando participaciones en el Atlético B, filial del primer equipo. Su arribo a Independiente implicaba la necesidad de continuidad.

Su afán de hacerse un lugar como titular se fue apagando a medida que perdía terreno con Facundo Parra, Andrés Silvera y Martín Gómez. Recién mojaría -por vez primera y única con El Diablo- en la Fecha 13 del Apertura, marcando la igualdad en el Nuevo Gasómetro ante el San Lorenzo de Ramón Díaz. Una sola alegría en once encuentros disputados, estadística de escasa satisfacción que apuró su salida del Libertadores de América. Mientras vitoreaba la última conquista continental de Independiente, formando parte del plantel de aquel equipo campeón, se disponía a sus adentros a decir adiós.

La historia decidió que, en este presente que tenemos frente a nuestras narices, El Rojo y Pacheco se vuelvan a encontrar. A casi una década de su paso por aquí, a sus 26 abriles viste la camiseta de Alianza Lima de Perú, rival en la Copa Sudamericana 2017, obligándonos a estar atentos al posible despliegue de este atacante, amén de presenciar la siempre pícara situación de sed de revancha de alguien que anhela remediar lo que, sabe, no se hizo demasiado bien.

domingo, 28 de mayo de 2017

Sebastián Penco




El fútbol es ese deporte tan lindo donde dos equipos se enfrentan buscando el mismo objetivo: ganar el juego. Y en un determinado contexto, ser campeón de la liga a la que pertenece. Triunfar en el juego significa meter más goles en el arco contrario que el otro adversario. Y desde ya que ha habido tantos marcados que más que ser recordados por su estética, han sido recordados por los festejos posteriores a la concreción. O bueno, tal vez ambas.
Sin ir más lejos, como ejemplo esclarecedor de esta introducción, cabe destacar a los famosos islandeses característicos por su algarabía: los integrantes del Starjnan FC simularon una pesca, donde los intérpretes eran ellos mismos. Todo un dato muy curioso que dio la vuelta al mundo. En fin, y para no abrumarlos con esta introducción, el paralelismo que trazo con Avellaneda es un festejo muy recordado, de un delantero al que dejó una buena imagen. ¿Adivinaron? Sí, es la famosa Motoneta, hecha por Sebastián Ariel Penco.

Penco, actualmente en Aldosivi de Mar del Plata, es un delantero con un gran currículum en el ascenso argentino: debutó en Deportivo Español en el año 2002 y luego jugó en equipos como Chicago, Almirante Brown y San Martín de San Juan. Me toca decir que el máximo equipo de renombre en el cual le tocó disputar en el ascenso fue Independiente, tras su fatídico declive al Nacional B en el año 2013.

Motoneta llegó al club luego de negociaciones con el Santo sanjuanino, quien era el dueño de su ficha. Independiente adquirió la mitad de su pase en un valor estimado de 1.200.000 de pesos con un contrato por dos temporadas. Su primer match fue a la par de la primera vez roja en la segunda división, en Avellaneda y frente a Brown de Adrogué. El resultado fue derrota por 2 a 1, punto de inicio del arduo camino que tuvo que atravesar el Rojo en la B Nacional.

Penco no tuvo las oportunidades necesarias durante la primer rueda, ya que alternaba titularidad y muchas suplencias, a tal punto de no jugar los minutos que él (y quizás los hinchas que conocían su buen currículum goleador) pretendía. Pudo haberse ido, ya que tenía ofertas para hacerlo, pero a pesar de todo, continuó para demostrar que él podía aportar sus virtudes.

El año 2014 tal vez fue el mejor para el delantero en Independiente, ya que logró convertir su primer ansiado tanto frente a Atlético Tucumán por la fecha 25, en donde el Diablo cayó derrotado por 3 a 1 como local. Volvería a marcar en la fecha 28 frente al puntero Banfield comandado por Matías Almeyda. Independiente, con todos sus pronósticos en contra, quizá fue el único que logró hacerle partido a ese gran equipo, en un encuentro que finalizó 3 a 3, con un gol de nuestro homenajeado. Aunque lo más triste de este momento fue que el ex San Martín de San Juan se retiró lesionado, y su diagnóstico fueron 3 semanas out de las canchas, justo cuando su relación con la gente empezaba a ser positiva.

Tras superar una lesión, reapareció en la fecha 33 frente a Almirante Brown, aunque poco pudo hacer en un encuentro que finalizó 1-1 en Avellaneda. Pero amén de esto, si nos aproximamos al Cuando análisis de este mal paso en la segunda división del fútbol argentino, y nos centramos en el homenajeado de hoy, creo que todos coincidimos en el apodo impuesto a él: “el de los goles importantes”. ¿Por qué? Basta solo con analizar que el aporte de SP fue incisivo en las últimas cinco fechas. Gol a Ferro sobre la hora para mantenerse en puestos de ascenso, gol a Douglas Haig en Pergamino, triunfo en una durísima cancha inclusive, y quizás uno de los más gritados en los independientistas durante aquella temporada: el segundo gol a Instituto en Alta Córdoba que dejaba a El Rojo dependiendo de sí mismo para lograr el ascenso frente a Patronato y así evitar todo tipo de especulaciones. Claramente esto último no sucedió y el tan ansiado ascenso se definió recién en el desempate en La Plata frente a Huracán, con victoria 2-1. Se terminaba el calvario. Al fin.

La estrella (?) de esta nota continuó en Independiente, siendo uno de los jugadores más queridos por el público. El torneo de Transición 2014 llegó con nuevos cambios: Omar De Felippe dejó la dirección técnica y fue reemplazado por un desconocido Jorge Almirón. La historia de Penco fue similar a sus comienzos en la B: con Almirón no logró la titularidad deseada. Aunque... a fuerza de goles, una vez más, demostraba que podía ser partícipe desde el arranque. En su andar en Primera con el Rojo metió cinco tantos, la misma cantidad que en la B, siendo el más significativo el gol en el clásico frente a Racing, con triunfo 2 por 1 incluido, y con el festejo de la Motoneta, también
.
Su ciclo sin embargo llegó a su fin a comienzos del 2015, donde Almirón no lo consideraría como miembro del plantel junto a otros dos importantes referentes: Federico Insúa y Daniel Montenegro. Esta decisión generó una mala relación con los hinchas, tanto que perduraría por los pocos resultados obtenidos en el torneo largo de 2015, teniendo el punto más bajo con derrota en el Clásico de Avellaneda en el Cilindro. Penco dejaba un saldo final de 34 partidos y 10 goles con la camiseta roja.

Penco marchó y fue hacia Once Caldas en Colombia, y desde el año pasado viste la camiseta de Aldosivi. Hace pocos días fue noticia por sus declaraciones en un medio partidario de Independiente Orgullo Rojo, donde fue consultado si volvería al club: “¿Cómo le podés decir que no a Independiente? Obvio, que me encantaría volver. Cuando vi en el fixture que jugábamos de local me lamenté, me hubiese encantado jugar en el Libertadores de América”. ¿Volverá La Moto a Avellaneda? El destino lo responderá. Por lo pronto, el grato recuerdo de los hinchas no se borrará.

jueves, 25 de mayo de 2017

Christian Gómez

El personaje de esta historia define a la perfección todo lo que la palabra curioso engloba. Con diversos matices de su vida llegó a convertirse en un ícono del ascenso, con una estatua suya moldeándose para que quede en el recuerdo vivo luego de su ¿cercano? retiro. A los 42 años continúa despuntando el vicio del fútbol, con vivencias divididas entre el asado y buen vino argento y la lógica del fastfood de Estados Unidos.

Corría el año 1997 cuando Independiente, bajo la conducción técnica de César Luis Menotti, se alistaba para para un nuevo comienzo de temporada. El Flaco, de ligazón con la entidad de Avellaneda, buscaba un típico enlace que sea el nexo entre los de arriba y los muchachos que ocupaban la zona medular, por lo que hurgó entre tanto talento escondido desparramado por muchísimas piernas del mundo de la redonda. Un diez clásico, que recobre la memoria de un elenco ganador, cuyos últimos títulos –Supercopa 1994/95, Recopa 1995 y Primera División 1994- descansaban en una retina sedienta por más acompañantes que obnubilen los ojos de los espectadores.

Entre todos esos nombres, un joven talento que la descocía en Nueva Chicago llamó la atención del ex estratega campeón del mundo con la selección. De gran técnica y pegada con la diestra, Christian Gómez apareció por primera vez en el radar del Rojo y llegó para quedarse, al menos, por un tiempo.

Bajo las órdenes del longilíneo entrenador, de tupida y larga cabellera, característico por poseer siempre un cigarro entre sus dedos, dio sus primeros toques con el balón en la “Doble Visera”, ocupando un lugar entre las plantillas durante dos años, pero con un final con un sinsabor que dejó ganas de revancha, por no poseer el cúmulo de minutos suficientes en su posición natural, tal como explicó en una entrevista que brindó para El Gráfico, al mismo tiempo que describió la metodología de su mentor: “Fue un entrenador que siempre me tuvo en cuenta, pero con quien no jugaba en mi puesto. Con él lo hice muchas veces de mediapunta y en ese lugar me costaba, no rendía. Es una persona con grandes conocimientos. Nos brindaba conceptos que excedían lo futbolístico, nos hablaba de la vida”, argumentó Gomito, cuyo énfasis cambió con la llegada de Enzo Trossero al banco, con quien sostiene todo pegó un giro de 360 grados dentro del campo, pero donde vio poco accionar, debido a que el futuro le tenía preparado un nuevo destino en su larga trayectoria. Argentinos Juniors –a préstamo y sin opción- aparecía en su radar entrados en el nuevo milenio, antes de una vuelta a su amor de toda la vida: Nueva Chicago.

Veinticuatro meses debieron pasar para que los dos componentes principales de nuestra historia pasaran a convertirse, nuevamente, en interjección. Villa Domínico amanecía con los gritos de Américo Gallego, bombero cuyo fin era apagar el fuego de magras campañas anteriores y hacer de los suyos un equipo competitivo para figurar entre los primeros planos. Entre sus soldados, Gómez, se alistaba para volver al ruedo, tomarse su tiempo para demostrar y sentenciar que estaba para la elite doméstica.

Todo salió a pedir de boca a partir de ese momento. El actor principal de esta crónica, era corriente moneda de cambio ante una posible salida de Daniel Montenegro o Federico Insúa y, con el Tolo, llegó a marcar más los tacos de sus botines en el césped, ganando terreno y otorgándose el lujo de marcar, por ejemplo, en la goleada ante Talleres de Córdoba, provincia esquiva si las hay, en donde el Rey no volvió a ganar hasta el corriente 2017.

Así define, él mismo, su papel en el aquel plantel modelo ’02: “Fui feliz en Independiente. En el equipo campeón del 2002 tuve la posibilidad de jugar varios partidos. Ahí pude galardonar en Primera”, al mismo tiempo en que no reparó en tirar flores para el padre de la criatura: “Gallego fue uno de los técnicos más claros que tuve. Era muy directo, simple”.
"Gomito" festeja la obtención del Apertura '02, junto a Franco, Milito y Pusineri.
El año 2003 entró en la vida de todos los argentinos y, Christian, se alistaba para las competencias pertinentes en aquel entonces. "Sé que cuando estoy bien físicamente puedo rendir mucho mejor. En estos momentos estamos haciendo un gran esfuerzo y estoy bien, esperando aprovechar las oportunidades”, soltó ante el sofocante verano marplatense como testigo, aunque con un porvenir distante del que él esperaba. El 2003 volvió a encontrar a los nuestros lejos del trono a nivel local y, como era de esperarse, la limpieza llegó. Un préstamo a Arsenal de Sarandí y una salida a mediados del 2004 junto a nombres como Damián Manso, Emanuel Rivas, Cristian Zurita o Maximiliano Ayala, entre otros, fue el fin de su historia con la divisa punzó.

A su paso por Avellaneda, le siguió una notoria carrera por la nación del dólar, obteniendo dos Copas con el D.C United, antes de pegar la vuelta a su natalicio Mataderos, para devolver la gloria al Torito, regresar a primera, concretar sus 100 goles con esta entidad y darse el lujo, a sus 42 años, de jugar junto a su hijo Gabriel Gómez, a quien señalan como el Heredero.


Su estadía en Alsina y Bochini arroja un saldo de 86 partidos, divididos entre campeonatos locales y Copa Mercosur, un registro de doce tantos y la creación de un personaje entrañable, que se dio el gusto de dar una vuelta olímpica en el Bajo Flores y convertirse en profeta dentro de su tierra.  

martes, 23 de mayo de 2017

Sergio Merlini



La sombra, queridos amigos, solo es bendición cuando nos encontramos en una apretujada y pegajosa caminata veraniega por algún sitio donde el sol acapara todo nuestro escenario. Allí, sumergir nuestra existencia en el cuerpo oscurecido y refrescante de la dicha es un alivio exacto. Fuera de ese contexto, las sombras no suelen ser un lugar grato. Operar desde ellas, por ejemplo implica cierto residuo moral. Y si utilizamos la palabra para referirnos a el ser opacado por algo o alguien, aplicándola en el cruel latiguillo de "está a la sombra de...", la sensación es de vacío, de marginalidad. Una porción de la historia que no pudo ser captada por el colectivo humano al ser desplazada por hechos de mayor clamor, urgencia ó distinción.

El tiempo es un factor que también juega en este plató, porque lo que sucede en torno al protagonista de este post circula en lo que es la mala suerte, si podemos llamarla de algún modo, de nacer en la época equivocada, o simplemente elegir una forma de vida que se asimilaría a la aceptación de un rol secundario frente a un ser que cuadriplica el arte que él buscaba ejecutar, al ser dignos sus atributos de una verdadera leyenda.


La historia de Sergio Merlini comienza en Córdoba, a fines de 1962. En aquellos pagos comenzó desde pequeño a demostrar buenos dotes para esto del fútbol. La pelota al piso, los regates y las asistencias eran su fuerte cuando se disponía a jugar un picado con sus amigos. Tal era su destreza que fue incentivado por familia y allegados a probar su suerte en algún club de renombre. Pisaba los 18 años cuando, tras atravesar la etapa formativa, comenzó a ser parte del plantel del Club Atlético Independiente en lo que sería la fructífera década de los 80'. ¿Qué de qué jugaba Merlini? De 10. Al igual que un tal Ricardo Enrique Bochini, pequeño detalle.

Y aquí entra en juego la sombra, estimado lectores. Porque nuestro protagonista vislumbró con tristeza la Guerra de Malvinas, observó el regreso de la democracia a nuestro país, se impactó al ver el estallido del Challenger, vitoreó el triunfo en el Mundial de México, disfrutó las míticas transmisiones de Radio Bangkok, despidió a las leyendas de Luca Prodan y Federico Moura y escuchó el último discurso como presidente de Ronald Reagan, todo en un cúmulo de años que le implicaron ser el relevo desde el banco de suplentes de El Bocha, en tiempos donde su juego magistral era asimilable con la gracia divina. Los 80', para Merlini, fueron eso. Ni más. Ni menos. Porque sería estúpido de parte de un servidor etiquetar la estadía de este sujeto en nuestro equipo como un mero trasero apilado en el banco de suplentes. Amén de su rol de actor de reparto, Merlini vió de cerca una de las épocas más gloriosas de nuestra escuadras. Mojó tanto en campeonato local como en Copa Libertadores. E incluso alternó en posiciones que variaron desde el ataque a la defensa para buscar acumular algo de juego.

Las lesiones de Bochini, al mismo tiempo, le permitían aparecer en escena como titular de vez en cuando, como sucedió una tarde a comienzos de 1984: Por el Campeonato Nacional, José Pastoriza lo mandó con la 10 en la espalda -y en el short- en un match contra Chacarita. El Rojo, gracias al 1 a 0 que logró en dicho cotejo, mantuvo la punta del Grupo F, estadía que compartía con Atlético Tucumán, Kimberley de Mar del Plata y el mencionado Funebrero. Gustavo Crnko marcó el gol tras una asistencia del homenajeado de esta ocasión. La Jornada Está Aquí, mítica sección de El Gráfico en aquel entonces, lo eligió como figura de un partido que catalogó como mediocre. Un seis fue la calificación que le bastó a Merlini para, delgado y con sus rulos castaños al viento, salir fotografiado en una de las páginas de la revista. Más tarde, en ese mismo año, observaría desde la banqueta como José Percudani burlaba con su botín al guardameta Bruce Grobbelaar para que El Diablo venciera al Liverpool y se consagrara campeón de la Copa Intercontinental en Tokio.

Solo una intermitente cesión a Gimnasia La Plata pausó sus días en Independiente. Desde 1982 a 1989, El Mago Merlini disputó 126 partidos e hizo 15 goles. La década de los 90' advenía no solo a las privatizaciones, el uno a uno y a Marcelo Tinelli (?) sino también a la conclusión de su trayectoria, motivada por cierta racha de lesiones y desgaste físico. Eso no implico, sin embargo, el fin de su vínculo con el team de Avellaneda.



En 1999 apareció en una nota del Diario Olé, en donde detallaba su particular situación respecto al ser relevo de Bochini: "Estar a la sombra del Bocha fue lindo y feo a la vez. Lindo porque uno sabía lo que era él como jugador y lo importante que era estar a su lado. Disfrutaba muchísimo. Y feo porque quería ser titular siempre. Cuando fui a Gimnasia y tuve continuidad me preguntaba por qué me quedé tanto tiempo en Independiente sabiendo que podía jugar más en otro club. Yo no me quedaba en el club por comodidad. Yo me moría por jugar siempre. Si cuando estaba en el banco lo miraba 250 veces a técnico para ver si me ponía.". En aquel entonces, Merlini aparecía en algunos partidos a beneficio y homenajes que organizaba la institución. Dicha actividad continuó en la vida del mencionado, complementado con su arribo a las divisiones inferiores de El Rojo, en donde los tiempos que corren lo encuentran como formador de juveniles.

Bucear sobre más información sobre él en Internet es algo un tanto limitado. Alguna que otra intervención en un medio partidario, las noticias del secuestro fugaz pero intenso que padeció en 2014 y un curioso blog que se asimila a la obra de una estudiante de periodismo, ya que la única entrada que se encuentra en él es una extensa entrevista que la autora le realizó a Merlini, en donde repasa su trayectoria antes, durante y después de su paso por Independiente, con fotos, data y demás chiches. El título que encabeza aquel único postéo reza: "Sergio Merlini, Un ejemplo de perseverancia". Que mejor que así cerrar este escrito, ¿por qué que hace latir a un corazón más que la posibilidad de encontrar la chance de prosperidad siquiera a la vuelta de la esquina?





domingo, 21 de mayo de 2017

Federico Gay




En el año 1991 tuvieron lugar algunos sucesos que marcarían la historia de quienes transitamos está página. A nivel nacional, por ejemplo, entró en vigor la Ley de Convertibilidad en nuestro país, en pos de combatir la hiperinflación que provenía desde fines de los 80’. Como suceso importante en lo futbolístico, para los hinchas de Independiente se trata de una fecha muy triste ya que hablamos de la que implicó el retiro de un ídolo histórico, el más ganador y mejor jugador de la historia del club: nada más y nada menos que Ricardo Enrique Bochini, precisamente el 5 de mayo. Fue en un partido frente a Estudiantes de La Plata, encuentro que terminó 1-1, y un jugador Pincharrata, Pablo Erbín, le cometió una infracción que lo dejó gravemente lesionado, tan así, que lo retiraron en camilla al Bocha ante la mirada atónita de la hinchada diabla. El resultado fue una distensión de ligamentos de la rodilla. Se ilusionó con volver, pero al ver que su recuperación demandaría tiempo y que ya no ostentaba su vigor juvenil, decidió colgar los botines. En fin, un año de mierda que no valdría la pena recordar salvo por este post (?).


Fue en el 7 de enero de 1991, en Avellaneda, que nació Federico Gay. ¿Acaso se acuerdan de él? Bueno, aquí estamos para rememorar a este defensor central, devenido en lateral por izquierda. Fede (?) empezó su carrera como una notable promesa de inferiores -cuántas veces hemos escuchado esa frase y después queda en la nada)- en nuestro querido equipo. Allí en Domínico participó en todas las categorías, logrando su pico máximo de rendimiento en la división de Reserva, donde obtuvo un subcampeonato en la temporada 2011/2012, con 76 puntos, uno menos que Boca Juniors.


Desde ese entonces, Gay fue promovido al plantel de Primera, aunque alternaba entre titularidad en Reserva y suplencias en el primer equipo. Su chance de ver acción por vez primera le tocó en la Copa Argentina, buen momento aquí para trazar un paralelismo con la sección Piedra en el zapato. El defensa tuvo su oportunidad en un momento pésimo en la historia del El Rojo, debutando el 13 de junio del 2013 frente a Arsenal de Sarandí, partido que Independiente perdió por 1-0 en Catamarca, con gol de Darío Benedetto. FG ingresó en el complemento por Gabriel Vallés y su debut -más que prometedor- fue un espanto, debido a que a tan solo diez minutos de haber ingresado, derribó al calvo delantero y vio la tarjeta roja. De la algarabía por debutar a no querer saber nada con nadie en cuestión de minutos.


Días después se consumó el peor hecho de nuestra historia, el descenso al Nacional B. Inimaginable por donde se lo mire, impensado, y extraño, en un mar de lágrimas empezamos a hacer nuestro duelo donde habíamos tocado fondo.


Una vez terminado el fatídico torneo Final 2013, los equipos que descienden no participan del Torneo de Reserva. Es por esto que muchos jugadores, sobre todo juveniles, en su mayoría quedaron libres y en gran mayoría fueron a préstamo, como el protagonista de esta historia: Gay fue cedido durante dos temporadas a Aldosivi de Mar del Plata. En el Tiburón disputó 6 encuentros, sin marcar goles. En el 2014, continuó su carrera a préstamo en Chacarita, en donde participó de 8 partidos. Sin embargo, durante su estadía se debió interrumpir el préstamo, ya que en el Funebrero no estaban pagando los sueldos.


En su vuelta a Independiente en el 2015, apenas disputó hasta el final de ese año partidos en reserva, sin demasiado rodaje en aquella división. La dirigencia decidió rescindir el contrato y brindarle la libertad de acción. En el 2016 fichó por Fénix, del ascenso argentino, en donde no consiguió la continuidad deseada. Luego, en ese mismo año, Comunicaciones contó con sus servicios.

El tiempo dirá si Federico se consolida finalmente en algún club. Mientras tanto, Independiente viene de muchos años sin poder contar con una base futbolística de jugadores formados en la cantera, donde las últimas décadas nos demuestran que un gran número no tuvo suerte en esto de triunfar con la casaca roja. El protagonista de este post forma parte de ese colectivo. Y del LGTB también (?).

jueves, 18 de mayo de 2017

Damián Manso


El homenajeado del día nos lleva al recuerdo de una joven promesa del fútbol argentino. Rosarino él, de cabellera tupida con forma de corte taza, zurdo, enganche y con divisiones inferiores en Newell`s Old Boys. Un pulgarcito, diez nato, con un pie izquierdo que hacía poner rojas las manos de los espectadores ante su talento innato. Uno al que llegaron a llamar “La zurda de Oro”, cuando apenas despuntaba el vicio del fobal en primera división. Hablamos de Lionel Messi Damián Manso, un joven producto de la cantera leprosa que, sin arribar a Avellaneda, ya tenía que ver con Independiente.

El primer acercamiento entre el Rojo y aquel purrete volante ofensivo de apenas 20 abriles se dio en el año 2000. Los rojinegros llegaban al sur del conurbano bonaerense para enfrentarse con la entidad de Avellaneda, en pos de encontrar una victoria que los coloque con nuevos tres puntos en su haber, apoyándose en su estandarte futbolístico, el diez del equipo. El elenco visitante, comandado por Andrés Rebbotaro, comandaba los hilos del cotejo al imponerse en el score por dos a uno. Promediando el complemento, el dete adversario decide sacar al protagonista de esta historia y la falange independentista -según cuentan los cronistas allí presentes- se rompieron las palmas aclamando por el jugador. "Vení acá, pibe", atinó a soltar algún ojeador sentado en su butaca de la antigua Doble Visera, que fue replicado por los dichos del propio Manso post match: “"Ese día hice un gol y jugué muy bien. Pensé que la gente se iba a enojar conmigo, pero me aplaudió mucho. Fue muy lindo".

Tres años más tarde, el lazo de unión entre el futbolista y la entidad avellanedense se haría aún más fuerte. En un episodio al que muchos catalogan como confuso, relatan los que saben que N.O.B deseaba contar con los servicios de Pablo Guiñazú, integrante de las filas del C.A.I, pero con un fuerte rechazo de la comisión directiva, comandada por Andrés Ducatenzeiler. Ante la insistente petición de los pares rosarinos, el mandamás Duca vio la oportunidad del negocio y accedió a la concesión, a través de un trueque, el cual incluía a Manso y al que dejaron ir sin pretexto alguno.

Para el segundo semestre de aquel 2003, el Piojo era uno más de los nuestros. Con un equipo que mantenía a dos o tres campeones modelo ‘02, sumó a doce futbolistas –todos en carácter de préstamo- se deshicieron de otros 14 y buscó con, Oscar Ruggeri a la cabeza, afrontar el Apertura, la Copa Sudamericana y la Libertadores del 2004. "Tenía muchas ganas de jugar en un club grande y por suerte se me dio. Elegí bien", exclamó Damián, de quien se habló durante toda la fría pretemporada, y que tuvo un partido consagratorio (?) entre titulares y suplentes.

El debut llegó el tres de agosto. El Rojo, en condición de anfitrión, recibía a Estudiantes de La Plata, con Carlos Bilardo como coach, que mantenía un largo invicto sin conocer la derrota. Aquel día, con un doblete de Jeremías Caggiano y otro de Christian Giménez, el equipo del Cabezón se impuso al Pincha y daba rienda suelta a la ilusión, con un plantel con experimentados como Luis Islas, Hugo Morález o José Luis Calderón, jóvenes promesas como la relatada en esta crónica y otros talentos sobre los cuales no se tenía un augurio específico, como Rafael Olarra, Félix Benito o Hernán Vigna, a modo ejemplificador.

Sin embargo, y pese al bautismo auspicioso que incluyó una derrota recién en la octava jornada, la historia de nuestra Pulga comenzó a torcerse conforme fueron transcurriendo los cotejos. La derrota 1-4 con River por la Sudamericana, dejó al ex campeón del mundo en la cuerda floja, quien decantó por dejar la conducción técnica, luego de la revancha ante el Millonario. "Consideramos que podemos perjudicar a gente que no tiene nada que ver, como los dirigentes o los jugadores. Para mí, es un plantel bárbaro. Se los dije a ellos. Hemos decidido dirigir mañana, como corresponde, porque este era un encuentro de ciento ochenta minutos”, exclamó el DT, que vivenció una nueva caída por 4 a 0 en el Monumental y dejó paso a la campaña de Osvaldo Sosa.

El peregrinaje de Chiche tampoco fue de la mejor manera, ya que fue autor material de la torcida de un barco, que tenía como destino sumergirse en el fondo de la tabla de posiciones. Pese a la confianza depositada en el botín siniestro del armador, los resultados adversos terminaron por sepultar las aspiraciones, ante un equipo que consumó un nada decoroso decimocuarto puesto, con apenas 22 unidades, a 17 puntos del campeón Boca Juniors.

El calor de fin de año llegó y, con apenas una temporada a cuestas en Alsina y Bochini, la CD y el profesional optaron por la decisión de volver a su primer amor ligado al mundo de la redonda, en donde conquistó un torneo local –con Américo Gallego como cráneo- y dio la vuelta junto al Monumento a la Bandera.


Su saldo por estos lares, deja apenas un puñado de 25 cotejos, un gol ante Racing Club por la fecha quince, luego de un remate de Quinteros que dio en el palo y lo encontró en el rebote, y la espera de un pibe de dorado que no explotó.